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Jesus Nodarse

LAS FÁBULAS DEL MATRIARCADO.

La obra reciente del artista cubano Jesús Nodarse se distingue en primera instancia por su marcada teatralidad. Se trata de un gran carnaval en el que desfilan ante nuestros ojos tres personajes fundamentales: el minotauro, el bufón o arlequín y la mujer. Entre ellos tres se tejen intensos dramas caracterizados por escenas sexuales, relaciones de poder, transacciones monetarias, tensiones psicológicas, lujuria, desenfreno.

Esos tres personajes representan las mutaciones de una isla que se ha convertido en una puesta en escena para satisfacer el morbo y la curiosidad internacional. Una isla que exporta, entre otras cosas, el sexo y sus mujeres como carta de presentación principal. Se trata de féminas que se debaten entre el amor y el odio, la ternura y la herida, el cariño y la violencia. Mujeres que ofrecen tanto un beso como el arañazo punzante de sus uñas sobre la piel.

Por su parte, los arlequines son quizás los personajes más complejos: ellos habitan el espacio del doblez, el simulacro, el fingimiento de una realidad que no es tal. Son «travestis» morales, para los cuales la ética ha pasado a ser un cuento de hadas, una historia del pasado. El bufón sufre y aparenta ser feliz ante los demás. Sonríe cuando tiene «la noche bien clavada en el alma». Divierte a los otros mientras camufla su amargura. Es un prisionero de su propia inconsistencia ética. Y lo peor es que, en el fondo, todos tenemos un poco de bufones.

Entretanto, el minotauro representa ese instinto animal con el que los centros hegemónicos de Occidente nos miran y desean. Ese apetito insaciable que se divierte con la necesidad insular. Ese «otro cultural» que encuentra en la ínsula los placeres y aventuras más recónditos. El minotauro viene a negociar con nuestro exotismo. A veces el negocio le sale bien. Otras, termina derrotado por las «medusas» caribeñas, por las peligrosas féminas de la isla «hot». 

Todo lo anterior le confiere a la obra de Nodarse una profunda dimensión antropológica y social que la coloca entre lo mejor del contexto plástico cubano de hoy. Una obra que se vale de agudas metáforas para retratar las múltiples transformaciones de la Cuba de hoy y de su gente. Una Cuba difícil, pero a la vez hermosa. 

Asimismo, destaca en las obras la habilidad del artista para el tratamiento del espacio representacional, la iluminación pictórica, los contrastes entre luces y sombras, las combinaciones cromáticas y, sobre todo, el dibujo. Jesús Nodarse es un gran dibujante; la línea en sus obras es sumamente sensual, lúcida, seductora. Ella es cómplice de todas las historias (o más que cómplice, protagonista). Es el principio y el fin. La mayor arma del artista. 

Otra virtud de Nodarse es su habilidad para el manejo de cualquier formato, desde pequeños hasta grandes. Especialmente estos últimos, a través de polípticos de narraciones complejas que funcionan a la manera de secuencias cinematográficas. Existe mucho misterio en las obras del artista, como si se tratase de un «suspense» lleno de intrigas, dudas, chantajes emocionales, provocaciones múltiples. 

Hay una obra particularmente reveladora, y es aquella que muestra un personaje (¿femenino?, ¿masculino?) de espaldas, mientras observamos las heridas provocadas por un arañazo sobre su piel. Aquí lo interesante son las preguntas que suscita la obra. Ella habla más desde la ausencia que desde los elementos presentes. ¿Quién lastimó al personaje? ¿Por qué lo hizo? ¿Se trató de un gesto agresivo o erótico? ¿O ambos? ¿Qué relación tenía el agresor con la víctima? ¿Qué hizo el personaje para merecer semejante herida? ¿Qué sucederá después? ¿Es la herida el principio de un conflicto mayor?, ¿o el fin de una tragedia que llegó a su momento climax? Nunca lo sabremos realmente, y es esa facultad para fabular historias en nuestras mentes lo que hace de estas obras un conjunto especial. 

La relación entre el reino humano y el reino animal es otro rasgo de estas obras del artista. Es así que observamos búhos, medusas, mariposas, pulpos, pavos reales, entre otros seres que participan de las escenas como actores o como testigos presenciales. Animales humanizados, calculadores, casi siempre victimarios, a veces simuladores, cínicos. Ellos interactúan con la típica mujer presente en las escenas: mujeres libidinosas, por momentos desnudas o semidesnudas, a veces rapadas, con los labios de un rojo intenso. Y sus miradas, coqueteando con el espectador, como llamándonos a participar de las escenas. Ellas nos tientan a «pecar», hurgan en el costado más licencioso de nuestro ser.

En definitiva, el universo de las obras de Nodarse es un mundo regido por mujeres. Una sociedad del matriarcado, donde las féminas deciden el rumbo y el destino de la existencia masculina. Ellas someten, subyugan, juegan con los hombres, se divierten con sus imprudencias. Son las «chichas letales», las reinas de un tablero de ajedrez en el que solo existen reyes de turno, efímeros y de bajo impacto.

Piter Ortega Núñez 

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